Los relatos de las primeras expediciones a los Farallones del Citará

Cerro San Nicolás (1925-1930) Relatos de las primeras expediciones

Cerro San Nicolás. Imagen de referencia, Marzo de 2021. 📷: © Sebastián Berrío

Rescatados del olvido, los relatos de Antonio María Palacio, un sacerdote nacido en Concordia, nos dan una idea de cómo eran estas montañas en la década de los 20’s. El sacerdote Palacio y su grupo afirman ser la primeras personas que escalaron la cima de los Farallones del Citará, luego de una serie de intentos fallidos. Acompáñanos a revivir estas expediciones y relatos de la mano de su autor.

En su libro, Crónicas de un cura paisa, Antonio María cuenta sus vivencias en el suroeste Antioqueño y demás localidades de la geografía colombiana, entre ellas, sus aventuras por las montañas y picos más altos de la cordillera Occidental. Este sacerdote era un acérrimo aficionado al montañismo, como se infiere en sus textos. Ante la ausencia de fotografías, no queda más opción que imaginarse estas montañas y sus picos con base en sus descripciones.

Primera expedición al Citará (1925)

El 26 de diciembre e 1925, Antonio María, acompañado de los padres Andreu, Álvarez y otros compañeros de Betania, salieron hacia El Pedral arriba, en busca de alcanzar las crestas del San Nicolás. El padre Palacio menciona que desde un inicio no le gustó la ruta escogida, pues consideraba que por el lado de Bolívar el acceso era más fácil. Sin embargo, accedió a las indicaciones de quienes estaban al mando de la expedición.

Estuvieron 3 días andando por el cañón de El Pedral, pero este intento no tuvo éxito. Primero, por lo escarpado del terreno donde se encontraban, y segundo, por una herida que se hizo el sacerdote Palacios con un machete.

“A las 12 del día nos separamos y nos turnamos para abrir trocha y avanzar. Eran como las cinco de la tarde y estaba trochando, cuando al cortar una rama se me fue el machete y me dio en la rodilla izquierda. El filo no entró hasta el hueso y como allí no teníamos más recursos, puse un puñado de sal sobre la herida a fin de que me preservara de alguna infección y me amarré un pañuelo para contener la sangre que salía en espumarajos. Allí nos detuvimos para pasar la noche”.

Luego de esto, los expedicionarios regresaron a Betania, deseando en un futuro poder volver a intentar un ascenso a los Farallones del Citará, mejor preparados y por una ruta más accesible.

En los años siguientes, según el propio sacerdote, otros grupos de personas intentaron también escalar el Cerro San Nicolás, pero fracasaron en su intento: dos alemanes intentaron subir la montaña en 1926, llegando hasta los 3000 msnm. Un año más tarde, 8 expedicionarios de Farallones, entre los que se encontraba Fernando Vélez, intentaron también esta hazaña, llegando hasta los 3250 msnm.

Segunda expedición al Citará (1929)

3 años después del primer intento, Antonio María, su hermano Nicolás, Roberto Palacio, José Dolores Agudelo y Luis Restrepo intentaron nuevamente llegar hasta la cima. Salieron el 28 de diciembre de 1928 desde la Finca Farallón, propiedad de Vicente Vélez. Durante el primer día llegaron a un aserradero de madera, en donde acamparon. El 29 siguieron su camino, durmiendo a la intemperie, sobre un piso de ramas y abrigados por plásticos. Esa noche ocurrió un accidente:

“Como ya estábamos a bastante altura y habíamos llevado voladores para hacer señales para que supieran donde estábamos, esa noche, Roberto Palacios intentó lanzar un cohete que se le estalló en la mano causándole una gran quemadura. Como temimos que se le pudiera infectar resolvimos que al otro día se devolviera Roberto acompañado de Luis Restrepo para Bolívar”.

Al día siguiente, los expedicionarios continuaron su ascenso. Llegaron hasta donde había logrado llegar el grupo anterior, de Fernando Vélez, donde encontraron la siguiente nota en una botella:

“De los ocho compañeros que salimos de Bolívar a esta altura sólo hemos llegado tres. Los otros tuvieron que regresar por accidentes sufridos en la ascensión. Los tres que hemos logrado llegar aquí nos hemos tenido que regresar por falta de provisiones. Altura sobre el nivel del mar 3,250 m. (Temperatura a mediodía 8° sobre cero. Farallón 8 de agosto 1927. Fernando Vélez”.

El 31 de diciembre, los caminantes continuaron su ascenso hasta La Muela, famosa roca que el padre Antonio María bautizó, indicando que observaban a su alrededor los efectos ocasionados por la caída de múltiples rayos. Allí pasaron la noche. Al día siguiente continuaron su camino, con el propósito de llegar a la cumbre. La vegetación era baja, pero muy espesa, y los cardos derramaban agua helada cuando eran movidos de lugar.

Finalmente alcanzaron la cima a mediodía. A continuación algunos fragmentos de la descripción que el sacerdote hizo del lugar:

“[…] Recorrimos el cerro de norte a sur. Es un filo delgadito como un serrucho y similar al espinazo de un caballo flaco. En él no hay un llano suficiente ni siquiera para edificar una pequeña casa. A sus flancos, oriente y occidente, hay dos insondables desfiladeros que dan vértigo asomarse a hechos. Allí no hay más vegetación que plantas raquíticas de Romero y Barba Rocío”.

Mi hermano Nicolás bajó un poco y cortó unos palos con los cuales hicimos una cruz y la clavamos en la cumbre del cerro. Escribí una boleta que decía: el 1 enero 1929 subimos a esta cumbre del farallón del citará los siguientes: Antonio María Palacio, Nicolás Palacio y José Dolores Agudelo. Metí la boleta en una botella y la tapé sellada con lacre y la dejé al pie de la cruz.

Desde la cumbre se ven muchas poblaciones Bolívar, Concordia, Betania, Pueblorico, Venecia etc. pero para él lado del chocó, aunque estaba dotado de unos lentes muy potentes y el cielo estaba despejado, sólo se veía una selva y ilímite hasta donde se me confundía el cielo con la tierra. Desde esa altura me formé el propósito de regresar al año siguiente llevando instrumentos para medir la altura y la temperatura.

Luego de esta hazaña, los expedicionarios bajaron el cerro en 2 días, el descenso fue relativamente más fácil, pues el camino ya se encontraba abierto. De esta manera, se daba fin a la primera expedición exitosa a la cumbre del Cerro San Nicolás.

Tercera expedición al Citará (1930)

Pese a ya haber logrado llegar a la cima del San Nicolás, el padre Antonio María quería regresar con instrumentos para medir la altura y temperatura del lugar. Para esto, consiguió barómetro, termómetro y organizó otra expedición, que salió el 16 de enero de la finca de don Vicente Vélez. Esta vez iba acompañado por Jesús Antonio Posada, Nicolás Posada, Antonio José González y Kiko Posada.

La subida fue mucho más fácil, pues el camino aún se encontraba abierto. El primer día llegaron hasta los 3000msnm, donde pasaron la noche, y el segundo día lograron escalar hasta la cumbre. Allí, el padre midió la temperatura (5°C al medio día) y la altura (3980msnm).

En el lugar donde habían dejado la nota un año atrás, encontraron un papel donde se indicaba que 3 expedicionarios habían logrado llegar recientemente a la cima del San Nicolás, entre ellos una mujer llamada Genoveva Tirado. Antonio María y sus compañeros escribieron otra nota, que decía lo siguiente:

“El día 1 enero 1929 subimos por primera vez a este cerro Antonio María Palacio, Nicolás Palacio y José Dolores Agudelo. El día 17 enero de 1930 subimos por segunda vez los siguientes Antonio María Palacio, Jesús Antonio Palacio, Nicolás Palacio, Antonio José González y Kiko Posada. Altura 3.980 m sobre el nivel del mar. Temperatura 5° sobre cero a mediodía. 

Ese mismo día, descendieron hasta el alto de La Beatriz, donde descansaron, y al día siguiente, bajaron la montaña y llegaron hasta Concordia.


De esta forma termina el relato del sacerdote de Concordia, que en los años siguientes se dedicó a escalar otras montañas de los Farallones del Citará, como el Cerrro San Fernando o el San José.

Agradecimientos al Coronel Iván González, quien se tomó el trabajo de digitalizar parte de los textos del libro Crónicas de un cura paisa, y que están disponibles en su blog “Aeronautas y Cronistas“: Capítulo 1, Capítulo 2, Capítulo 3, textos en los que está basado este artículo.

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